La Fundación Asturiana de la Energía publica un informe que aborda el reto de dar una segunda vida a los sistemas de almacenamiento de la movilidad eléctrica y potenciar la economía circular regional

El crecimiento de los vehículos electrificados plantea un nuevo desafío para Asturias: qué hacer con sus baterías cuando dejan de ser aptas para su uso en automoción. Un reciente estudio de la Fundación Asturiana de la Energía (FAEN) analiza las posibilidades de desarrollar en el Principado un modelo de economía circular que permita aprovechar estos componentes, recuperar materias primas estratégicas y garantizar una gestión segura durante todo su ciclo de vida.

El informe parte de una previsión clara: el aumento de la movilidad eléctrica traerá consigo, en los próximos años, un incremento significativo del volumen de baterías retiradas. Por ello, considera necesario anticiparse y establecer sistemas adecuados de recogida, almacenamiento, transporte, reutilización y reciclaje.

De batería de automóvil a sistema de almacenamiento

Cabe destacar que cuando una batería deja de ofrecer las prestaciones necesarias para un vehículo eléctrico, todavía puede conservar entre el 70% y el 80% de su capacidad original, lo que hace que se realice una evaluación previa del Estado de Salud de estas para decidir su idoneidad para la reutilización y sus posibles aplicaciones.

El estudio plantea especialmente emplearlas como sistemas estacionarios de almacenamiento de energía, tanto en entornos residenciales como industriales. Estas baterías podrían almacenar electricidad procedente de fuentes renovables, contribuir a reducir los picos de demanda y utilizarse incluso en sistemas de carga de vehículos eléctricos.

La oportunidad encaja además con el desarrollo de las energías renovables en Asturias. El informe señala que en mayo de 2026 había 24 parques eólicos en funcionamiento, con una potencia instalada de 698,66 MW, y apunta a la posibilidad de utilizar baterías retiradas de vehículos eléctricos para almacenar parte de la energía generada por estas instalaciones.

En el ámbito industrial, su utilización podría contribuir a reducir los costes asociados a los periodos de mayor demanda eléctrica y facilitar el almacenamiento de energía renovable. No obstante, el informe advierte de que el desarrollo de estos sistemas requiere marcos normativos y de seguridad adecuados.

La reutilización también supone una oportunidad económica

La reutilización no solo presenta ventajas ambientales. El informe recoge estudios que estiman reducciones del coste nivelado de la energía (LCOE) mediante el empleo de baterías de segunda vida frente a baterías nuevas, aunque los resultados dependen de la aplicación y de las condiciones consideradas. En concreto, las reducciones se sitúan entre el 12% y el 41% en determinadas configuraciones y llegan hasta el 57% en otras aplicaciones de almacenamiento.

Para Asturias, esto abre la puerta a nuevos modelos de actividad vinculados a la preparación, reacondicionamiento, almacenamiento y gestión de estas baterías, además de posibles oportunidades de simbiosis industrial.

Diferentes opciones de reciclaje

Cuando una batería ya no resulta adecuada para una segunda vida, el siguiente paso es su valorización y reciclaje. El informe revisa diferentes tecnologías, entre ellas la hidrometalurgia, la pirometalurgia, la biometalurgia y el reciclaje directo, analizando sus prestaciones ambientales y económicas.

Las tecnologías hidrometalúrgicas y pirometalúrgicas presentan un mayor grado de madurez, mientras que alternativas como el reciclaje directo y la biometalurgia aparecen como opciones prometedoras que todavía necesitan más investigación y desarrollo para mejorar su escalabilidad y eficiencia industrial.

Para que todo este proceso funcione, no basta con disponer de tecnologías de reciclaje. La recogida, el almacenamiento y el transporte de las baterías también requieren una gestión específica debido a los riesgos eléctricos, químicos y térmicos asociados a estos dispositivos.

El documento insiste en la importancia de que estas tareas sean realizadas por personal cualificado y con los equipos y procedimientos de seguridad adecuados. También considera necesario que bomberos, talleres, gestores de residuos y otros profesionales relacionados con estas baterías reciban formación actualizada, especialmente ante el riesgo de incendios y de fenómenos de fuga térmica.

Un reto que puede ser una gran oportunidad

El crecimiento de la movilidad eléctrica hará que la gestión de las baterías retiradas cobre cada vez más importancia. Para nuestra región, el informe plantea que anticiparse a esta situación puede permitir desarrollar nuevas actividades relacionadas con la reutilización, el almacenamiento energético y la recuperación de materias primas.

La creación de un modelo circular requerirá desarrollar una cadena coordinada que abarque desde la recogida y el transporte seguro hasta la evaluación de su estado, su posible reutilización y, finalmente, la recuperación de sus materiales.

El objetivo es transformar lo que podría convertirse en un nuevo flujo de residuos en una fuente de materiales estratégicos, almacenamiento energético y nuevas oportunidades para la economía regional.

Según las conclusiones del estudio, el éxito del modelo dependerá de la colaboración entre los distintos actores de la cadena y de una comunicación eficaz con la ciudadanía, especialmente para generar confianza en torno a la seguridad del almacenamiento y la reutilización de baterías.